Este día nos toca pasar por infinidad de bosques de caducifolias típicas de estos montes; hayedos, castaños y robles. El calor y la humedad son aplastantes, y si a eso le sumamos que con tanto ganado pululan los tábanos por todas partes, el camino se hace un pelín pesao. Encontramos un bosquecillo entre Azpilkueta y Arizkun para pasar la noche. Si por la mañana fueron los tábanos, la noche toca mosquitos y algún sapo sobre la cara.
| Camino de Azpilkueta |
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