Cuando nos levantamos ese día, nada nos hacía presagiar lo que nos esperaba al final. Amanece soleado y tranquilo, enfilamos hacia el Col Uthu y desde allí, no hay más que seguir las marcas del GR 11 hasta el puerto de Belagua. El paseo agradable y fresquito hasta que nos aproximamos al puerto. Parece como si el calor del verano se concentrara justo al sur de la frontera. En el camino, la búsqueda de agua había sido un problema, confiábamos que en Belagua las encontraríamos. Llegamos al puerto y no había fuente por ninguna parte. Nos metimos en el refugio abandonado a ver si por un casual encontrábamos un grifo de agua. De grifo nada, pero, eso sí, un plató de cine perfecto para la saga de Saw o REC. Daba yuyo meterse allí. Bueno al menos teníamos sombra y pudimos almorzar. Cuando acabamos el almuerzo empezamos a seguir otra vez el GR 11 con la esperanza de encontrar agua ya que en el GPS tenía apuntado un waypoint que marcaba una fuente a unos dos kilómetros. Bingo! allí estaba, menos mal, al lado de otra especie de refugio abandonado. En ese punto nos encontramos con un londinense que había estado haciendo nuestra misma ruta, pero él la terminaría en Lescun, nuestro próximo destino. Nos dice que por ese día había tenido bastante y que se quedaría a dormir allí cerca. Más tarde recordaríamos con nostalgia esa sabia decisión. Pues nada, descansamos un rato y empezamos a dirigirnos hacia el Col D'Anaye, el camino no empieza mal, recorriendo bosquecillos de hayas otra vez. La cuestión es que ha medida que subíamos, el bosquecillo se iba transformando en una selva tropical laberíntica. Menos mal que estaba el camino muy bien señalizado con las marcas blanca/roja del GR. Sino, allí habríamos acabado dando vueltas ad infinitum, je, je. A medida que avanzábamos empezaban a formarse nubes por encima de nuestra cabeza, hum, mala señal. Cuando abandonamos el bosque de hayas y nos metemos ya en el paisaje kárstico típico de este Col D'Anaye la cosa empieza a ponerse fea; truenos y empieza a chispear, con lo que decidimos estrenar impermeables. Sabia decisión, al poco se desencadena una tormenta eléctrica potente. Teníamos unos bonitos cumulonimbos justo encima de la cabeza. Y de la lluvia torrencial pasamos a la granizada torrencial. Gonzalo me comenta; esto es peor que el camino de Mordor. Lo cierto es que al camino solo le faltaba una araña bien gordota. El paisaje era espectral, entre el gris de la piedra caliza y los pinos aferrados a las laderas, tenía todos los ingredientes para encontrar un orco en el camino. Orcos no, pero algún jabalí y muchos isards huyendo de la tormenta sí que vimos. Así dos horas hasta que conseguimos pasar el Col y llegar a la Source del Marmitou, donde en teoría se podía bivaquear tranquilamente. Bueno, tranquilamente, no, pero allí decidimos montar el toldo para protegernos del diluvio, ponernos ropa seca (los pantalones y zapatillas estaban empapados) e intentar pasar la noche como pudiéramos. No sé cómo, pero conseguimos fijar el toldo al terreno y pasar una más que intranquila noche, siempre esperando que una racha fuerte de viento nos arrancara el refugio. Al menos no llovió mucho durante la noche y algo de sol salió temprano, lo justo para desayunar y descubrir que a las 8 se nos echaba encima otra tormenta, el viento nos arranca el toldo que se daña un poco al chocar contra unas rocas. Única solución, meter todo como pudiéramos en las mochilas y salir corriendo hacia Lescun.
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| Atravesando el laberíntico hayedo |
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| Camino al Col D'Anaye |
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| En las proximidades del Col |
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| Todavía quedaba nieve en algunas hoyas |
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