Este
año el Pirineo se me ha presentado especialmente duro. Ya lo decía
la guía de Joosten, sería la parte más dura y salvaje de todo el
recorrido. No he dormido “cómodamente” ninguna noche. En los dos
años anteriores, al menos una vez lo
hice en un camping y eso se
nota. Tampoco existían
posibilidades de reponer víveres, así que toda la comida de 8 días
la llevé a la espalda, aunque con la experiencia acumulada conseguí
que nada faltara y que sobrara muy, muy poco. El terreno ha sido
especialmente “salvaje” y demandaba una buena dosis de
experiencia en alta montaña ¡Pero caray! De eso justamente trata
todo esto. Ha sido un acierto el uso del binomio taza+Lifestraw, no
he tenido en ningún momento que cargar con una sola gota de agua. He
bebido directamente de arroyos y lagunas, algunos sospechosos debido
a la presencia de ganado en los alrededores, pero no han
habido consecuencias, un mes después sigo sano. Mis
pies han sufrido menos este año a pesar de haber tenido mojadas las
botas y los calcetines más de un día. La combinación: lavado de
pies al menos dos veces al día + aplicación de Compeed a la más
mínima señal + calcetines adecuados +
vaselina, ha sido perfecta.
En el tema de los calcetines quizás no fuera todo lo perfecta que
esperaba. Me compré especialmente unos calcetines Lurbel modelo
Logan, supuestamente para climas cálidos, pero me dieron
muchísimo calor en los pies y tardaban media vida en secarse. La
funda de bivac la llevé de paseo, última vez. El próximo año
descartaré la colchoneta inflable, creo que podré resistir sólo
con el Thermarest. Llevaré también una funda impermeable para
mochila del Decathlon. Las
botas y sus suelas despegadas casi dan al traste con el viaje, ahora
ya están reparadas por un zapatero andorrano (Andarax-2)
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